EIVISSA JAZZ FESTIVAL 2011: Quizás, quizás, quizás…
Quizás cuando uno comienza su viaje recorriendo una de esas calles concurridas próximas al
húmedo y salado malecón de La Habana con el fulgor nocturno de Nat King Cole de testigo, quizás
cuando el siguiente puerto en el camino es el cálido sonido de un saxo en una esquina levemente
iluminada del Harlem de Nueva York mientras todos los caminantes parecen entender esa nota de
blues que se desprende del cielo en la noche, quizás cuando todos esos caminos y pasajes, todas
esas tradiciones y reflejos, improvisaciones y reinvenciones, y sobre todo viajes sostenidos en la
esencia de cada nota musical, desembarcan ahora en lo alto de las murallas de la ciudad de Ibiza con vistas a la marina – o por qué no usar el término malecón – podremos apreciar la gran virtud de propuestas musicales como la David Murray Cuban Ensemble y la de todos los grupos musicales que han participado en la reciente Eivissa Jazz Festival 2011.
Este es el escenario donde antaño la isla era un importante referente cultural, un gran centro de arte
vanguardista internacional con personalidad propia. Este tipo de eventos musicales recoge de forma
elegante ese espíritu musical y artístico que nos ha dejado y que la isla solicita que le demos
continuidad. Es por ello que este pasaje de isla a isla pasando por Nueva York concentrado en la
música del grupo de David Murray sirve de perfecta metáfora para ilustrar la decisiva importancia
de la cultura y la belleza en todo momento pero sobre todo en tiempos de crisis. Tal como lo
expresábamos en otro artículo (“Festival de Jazz en Ibiza: Un devenir epifánico”), siendo Ibiza
Ciudad Patrimonio de la Humanidad es necesario contar con festivales de este nivel que consigan
difundir este evento realizado en la isla por todo el mundo desde un marco de gran belleza
desarrollando encuentros musicales de primer nivel internacional convocando así experiencias
absolutamente maravillosas.
Este festival de jazz de Ibiza desde sus comienzos en el año 1989 ha tenido un gran poder de
convocatoria. Si las estadísticas son importantes para las instituciones, la gran asistencia de público
es un argumento incontestable. Hacia unas cuatro mil quinientas personas se ha estimado el
cómputo global de la asistencia al festival. Si colocamos esta cifra aproximada en escala podemos
concluir que el éxito ha sido espectacular. A todo esto debemos añadir el acierto de incluir un
espacio emblemático tan importante de la ciudad como es la plaza Vara de Rey donde actuaron
grupos afincados en la isla demostrando un nivel muy elevado como ha sido el caso de la Eivissa
Jazz Big Band, Nuevos Caminos, Swing & Dreams y Muriel Grossmann. Esta es la forma de
recuperar el espíritu vanguardista del que hablábamos anteriormente promoviendo así espacios
físicos y culturales simbólicos de la ciudad y que un año más ha sido potenciado por la intervención
de la Eivissa Jazz Experience liderada por el pianista Abe Rábade, así como por el taller de jazz
realizado en estos días dirigido por Vicent Tur para incorporar nuevos valores al ámbito musical
isleño y generar un trazado didáctico a la gran profesionalidad del jazz en la isla. Ya hemos
indicado en otros lugares que otra de las grandes virtudes del mismo es el intenso apoyo hacia los
jóvenes músicos de España que así tienen una gran oportunidad de compartir escenario con los ya
reconocidos y también poder contar con un trampolín hacia otros festivales. Uno de los nexos que
configuran una verdadera garantía de calidad es la colaboración con el festival de Jazz de Getxo que
este año nos ha hecho disfrutar del grupo Carl Winther Trío, de origen sueco-danés (ganador del
concurso de grupos en el XXXV Festival Internacional de Jazz de Getxo). Podemos resumir la
calidad de Carl Winther en el exquisito equilibrio entre una delicada belleza y una profunda técnica
en la interpretación de sus temas cuajados en las calles de Copenhague donde se desarrolla uno de
los mejores festivales internacionales de jazz del mundo. Una propuesta no exenta de magia nórdica
inserta diversos ritmos como funk-beats, baladas y sofisticadas improvisaciones apoyadas en
cambios de tempo, un bajo sólido y una percusión dinámica. En definitiva, un grupo con
personalidad propia y con mucho que decir en el panorama internacional combinando la elegancia
del jazz escandinavo con esa presencia de la plaza en penumbra una noche tibia del verano de
Copenhague.
Con el viento de testigo el aclamado percusionista hindú afincado en Hamburgo, Trilok Gurtu, llevó
a cabo con su grupo una de las actuaciones más esperadas del programa. Su evidente control del
variado material de percusión quedó algo diluido ante el dinámico violín que desarrolló matices
musicales de múltiples culturas diferentes. No se quedaron atrás los grupos que actuaron el día
anterior, Quartetto Mínimo, Oh Trío (tal vez una de las grandes y gratas sorpresas del festival con
Germán Díaz como líder del grupo) y Giulia Valle, cuyas actuaciones fueron seguidas por alrededor
de 800 espectadores.
Finalmente, temas como “Quizás, Quizás, Quizás”, “Cachito”, “El bodeguero”, o “Tres palabras” a
través de una de las grandes virtudes de la música, generó una cancelación cronotópica que llenó de
magia al baluarte. Si bien no vino al concierto el vocalista argentino David Melingo quien canta con
voz desgarradora dos temas de Cole tal como sí ocurre en la grabación del disco (“Quizás, Quizás,
Quizás” y “A media luz”) uno de los grandes aciertos de David Murray es la de rodearse de grandes
músicos. Además, en este caso el acierto es doble debido a que precisamente para transmitir esos
sentimientos latentes en Cole, David Murray ha incorporado a su banda a músicos cubanos.
Sopla una leve brisa mientras los músicos suben a escena. Se respira un evidente respeto hacia la
figura de David Murray quien dirige a la banda con soltura, maestría y discreción. Pero cuando le
toca el turno al solista tomar el protagonismo, con gran elegancia el resto de los músicos de la
banda dan unos pasos hacia atrás y se difuminan en la penumbra. Bajo el foco principal toma ahora
protagonismo el trompetista Mario Morejón, más conocido en el ámbito musical como “el indio”.
La trompeta cubana tiene un sonido característico, isleño, nostálgico, de barcos saliendo a pescar en
la madrugada, de malecones interrumpidos por cálidos besos frente al mar, de palmas agitándose
suavemente al viento impregnado de sal. El indio ha tocado con los mejores y en grandes bandas,
por mencionar algunos, a los dieciocho años ya tocaba con Chucho Valdés y la banda Irakere,
posteriormente tocaría con Paquito de Rivera, Giovani Hidalgo, Eddy Palmieri, Tata Guines,
Changuito, Ivan Lins, Miguel Anga, Wynton Marsalis y muchos otros. Ha grabado varios discos
donde podemos destacar el aún inédito “Maferefun Papa Shango” donde toca varios instrumentos
como el saxo, el piano, la percusión e incluso canta. Cuando surgen las primeras notas de su
trompeta en el tema “Quizás, Quizás, Quizás”, detectamos ese sonido calculadamente desafinado y
desgarrado de una trompeta surgida en las calles de la Habana. Todo un lujo dentro de una gran
banda como la de David Murray.
Cuando pienso en la inmensa altura musical de David Murray no puedo evitar acordarme de ese
gran concierto en el Bop Shop con Kahil El’Zabar. Un concierto que resultó en una grabación
absolutamente prodigiosa. Ese sonido profundo y cálido que sólo algunos logran extraer del saxo es
una seña de identidad de David Murray. De escuela neoyorkina – es decir de bolos en el Harlem –
el acierto aquí es no sólo la recuperación de los temas de Nat King Cole escritos por varios músicos
y letristas de tradición latina como Osvaldo Farrés, Edgardo Donato, Bobby Capó o Vicente
Garrido, sino la reinvención de esos temas a partir de la voz de Cole. La historia de esta David Murray
Cuban Ensemble se hace incluso más interesante si realizamos los trazados adecuados desde Osvaldo Farrés, por ejemplo, cuando compuso “Quizás, Quizás, Quizás” en los años cuarenta, interpretado por Nat King Cole, se recupera en la contemporaneidad en la película del coreano Wong Kar Wai (“In the Mood for Love”), e invitado por Murray aparece en escena la voz de Daniel Melingo, quien a su vez ha participado en películas de Pedro Almodóvar para después proceder a una recuperación del tango en la Argentina de los noventa: “y así pasan los días, y yo desesperando, y tú, tú contestando, quizás, quizás, quizás..:”
El mosaico de trazados y pasajes musicales es extraordinario si continuamos observando la banda de Murray: el pianista Pepe Rivero, los saxofonistas Roman Filiu y Ariel Bringuez, y el contrabajo Reinier Elizarde apodado como “el negrón”. No se trata sólo de la maestría con la que interpretan los arreglos e improvisan sus extraordinarios solos, sino el sentimiento que vive detrás de cada nota. No sólo es una interpretación sino la traducción de la experiencia en vivencias estéticas. “Tres palabras”, “Cachito”, “Piel canela”, ya insertos en nuestro imaginario cultural y musical se reviven no sólo desde la maestría de quien controla su instrumento a la perfección, sino también desde la capacidad de compartir ese momento cuando las olas se abrazan a las rocas que defienden los amores y desamores de un malecón universal que es la música.
GABRIEL TORRES CHALK
IBIZA 2011




